Vivo de aquellas canciones que escribo, de esa honestidad que trasciende a mi interior. Utópica conclusión en cualquier época, una idea permanente en su fría racionalidad. Pero sí, debo decirlo y no me adormezco al saborearlo. Lo disfruto, créanme. Quizás porque finalmente logré comprender que significa para mi vivir de ellas, creo que del arte en general, actividad constantemente cuestionada en una sociedad como la nuestra, tan contradictoria y supersticiosa a la vez. Es paradójico entonces que se disfrute tanto. Muchos hacen lo que pueden, pocos hacen lo que quieren. Otros lo sueñan, pero no apuestan. Todo esto, en suma, nos hace andar, nos hace volver, nos deja lo cotidiano en segundo plano. Porque no se cuentan los peldaños al subir, no sé cuentan los pasos si sabes que vas a llegar a donde quieres llegar, no hay café que dure tanto cuando la conversación es tan buena. Y el tiempo lo sabe. Si alguien por ahí me pregunta si la música me alimenta, respondo concluyente: "Sí, pero no es un trabajo". Entonces, ¿como puedo decir que vivo de ella?. Creo que es simple, o se me hace simple. Cuestión de puntos de vista aunque digan algunos, que posiblemente saben más de esto que yo, que "así no es". Y por ello he visto muchos héroes caídos, talento increíble aplastado por confundirse en interpretar el concepto de "ser" , y "tener que ser". Aunque a fin de cuentas el corazón es uno solo, y nadie sabe más que el. Y es que creo en que todos somos energía, pura y desbordante. ¿No son los niños acaso una fuente inagotable y tan visible?, el más claro ejemplo de que llevamos una energía interior que va más allá del tiempo y que supera toda comprensión. Pero sobre esta energía que no entiendo del todo, se que a través de ese pasillo hacia lo bueno, siempre es mejor una sonrisa y un fuerte abrazo, errar pero nunca dejar de hacer, una siembra y una espera, cosechar. Buscar y encontrar. Vivir, sentir, soñar y despertar. Tocar, saborear, mirar, beber y respirar. Descansar soñando, descansar viviendo. En esta única vida que conozco hago mil cosas que puedo llamar productivas, y comercializo algunas que cubren mis gastos esenciales. Pero no haría una sola si no supiera que puedo hacer música, no haría nada si no me diera el momento, no haría nada si no me diera el espacio. Y en ese momento soy música en mi lenguaje, en mi idioma, con lo que sé, y lo que puedo ser. Basta encontrarla, basta sentirla. Vivo de la música, es mi energía renovable, no contaminante.
Luego, puedo hacer cualquier cosa.
© Daniel Reynoso Todos los derechos reservados.Imagenes: Archivo propio