Una calidez con la que sueño me previene de una soledad imaginaria, escapa conmigo y nos abre paso a mundos, hasta el momento, inexistentes. Se respira paz aunque se beba de la melancolía. Tan nutritivo es lo Leer más
Una calidez con la que sueño me previene de una soledad imaginaria, escapa conmigo y nos abre paso a mundos, hasta el momento, inexistentes. Se respira paz aunque se beba de la melancolía. Tan nutritivo es lo esencial, sonrisa viajera, que poco es mucho en una ciudad que desaparece de pronto, en donde se consumen las emociones y se pierden, intencionalmente, en el vacío de la razón.