La vida es un vendaval de emociones muchas veces adversas a nuestra imaginación. Decididas, ellas entran sin permiso a cerrarnos el paso duro y frío, calculador.
Te asomas a esa ventana de siempre que alguno de aquellos, aún privilegiados con el don de la inocencia, ha dejado en color, con aplicaciones sencillas de cartón, botas de fieltro hechas a mano y estrellas que no son de rock pero que cantan en silencio su propia melodía. Detrás suceden cosas, se abre paso una alegría festiva, danzante. Se respira o, en cierto modo, se añora. Cuestión de dejarse llevar o atraer. Después de todo, nada es constante. Las emociones también son susceptibles al rechazo, mas no a la indiferencia. Contrastes y colores entrelazados. La dicha y la nostalgia, la plenitud y la carencia. Alguien a unas cuadras no la pasa nada bien. Pensar en el ayer o en el mañana da lo mismo si no quedan muchas sonrisas en el alma.
Es conveniente entonces disfrutar del momento, de las luces, del calor hogareño que con toda su energía parece que nos atropellara a cada minuto que pasa. Lo es también mirar hacia adelante, buscar nuevos horizontes, replantearse cosas. Lo de siempre.
Pero quizás exista algo aún más profundo y sustancial: Agradecer. ¿A quién o hacia donde?, pues, ya va dentro de cada uno. Muchos ingresaran a su lado más espiritual o quizás buscaran en el cosmos a las estrellas o al universo, al Big-Bang o a la interpretación que cada uno tenga sobre aquello de quién dependa, si así lo creyese, que aún estemos aquí experimentando algo a lo que le llamamos vida pero que pierde tal cualidad cuando dejamos de hacerlo. No morir, dejar de "vivir" quiero decir.
Y vivir es más que existir. Es llenar y expresar, sentir desde el punto más recóndito de nuestra corteza cerebral y abrazar el noble corazón para que pueda latir con motivos, con intensidad. Ser tan humanos como nos exige el poder ver a través de esa ventana, disfrutar del aroma, del color, del calor hogareño que envuelve y alegra, del poder hacer algo más que sólo mirar para actuar en virtud de lo que creemos justo, mirar hacia los lados y curar con la mirada o un abrazo.
Porque no es tan solo agradecer por lo que se tiene o por esa suerte de que (a lo mejor) hoy nuestras alegrías, por fortuna y algunas buenas decisiones, sobrepasen a nuestras tristezas. Se trata de agradecer por lo que se puede hacer, por lo que aún se puede dar, por tener nuevamente la oportunidad (hoy también) de ser parte de ese poco de alegría y llenar de vida a esas ventanas que aún parecen sombrías.
La tarde se acerca y las ilusiones de algunos crecen. Que hoy se regalen más sonrisas, que se envuelvan con abrazos.