Café contigo

Hay instantes insuperables o que podrían serlo con algunos ingredientes básicos, después de todo no importa cual sea el acontecimiento mientras se lleve bien con el café. Y no es un decir que exprese gustos o preferencias sobre lo que debe ser una de las bebidas más perfectas que haya dado a luz este mundo, es solo un sentir resuelto por la inminente verdad, compartir es lo importante. Aquel café sabe ser más que una fuente de gustos y aromas porque tiene tanto de misterio como de alucinación. Sonreír y reír. Mirar y hablar, apreciar y escuchar. Tener la posibilidad de involucrarse en una cuestión importante de un lado sin inmiscuirse desde el otro. Tanta carta tendida abre los sentidos de la complicidad y le hace un guiño a lo infinito. Es importante el café, su calidad y equilibrio. Lo es mucho más el tiempo y el tema de conversación, en este caso, contigo.   

Mientras siento el aroma de ese café preparado, pienso yo, con cariño y paciencia, luego servido en una taza blanca y pequeña, es imposible dejar de mirarte a los ojos y admirarte, como siempre, cultivando cada uno de esos detalles en silencio, pues me he mantenido escondido hace ya un buen tiempo en el anonimato de esa confianza en la que solo evidencio una parte de lo que soy, un hábito insoportable pero sano, considerando que algunas palabras pueden crucificar realidades tan valiosas y aunténticas como sensibles. Y yo que prefiero quedarme con lo que existe en lugar de dejar de existir en esta historia, por iniciativa propia, claro, y un instinto de supervivencia indispensable para seguir andando, sino que lo digan los gatos, que de eso saben mucho.
Hay un entorno agradable que no podría describir sin sabotearme pero es acogedor y compatible con el tono y forma de tu cabello. Mientras te escucho, registro temporalmente cada palabra que dices y eternamente el sonido que emites, el mismo que se transporta en el aire contenido dentro de esos sesentaicinco centímetros de distancia que nos separan. La cháchara se hace muy fluida y los temas van cambiando pero repetimos el pedido y continuamos riéndonos, por ejemplo, de nuestras contrariedades. 

El día estuvo frío, el café estuvo bueno, los sanguchitos también. Hoy no recuerdo ni una sola palabra de lo que dijimos, pero tengo tu voz y tu manera de hablar en mi memoria.

4. Vida en el horizonte de un lugar sin descripción

© Daniel Reynoso. Todos los derechos reservados.
Imagen de Free-Photos en Pixabay

Dejar un comentario