El mundo atraviesa por un cambio invisible del que aún no se llega a tomar conciencia plena y nos encontramos secuestrados por una forma de comunicación limitada que tal vez será, a fin de cuentas, la única posible durante mucho tiempo.
Nuestro teléfono móvil con aplicaciones infinitas nos permite guardar aquella "distancia social", física, pertinente en un momento como este, pero quizás no sea tan diferente a lo que ya se venía dando últimamente.
Inmersos en la engañosa velocidad y practicidad que nos facilita la tecnología, seducidos por la inmediatez de las cosas, nos hemos vuelto menos conscientes del verdadero significado de lo que sucede (o sucedía) desde siempre a nuestro ardedor, de las personas o de la vida en general. Un significado que siempre estará en los hechos, escondido en las vivencias, grabado en tiempos alternos, eternos y con actores diversos.
Y no son recuerdos. Son sensaciones atrapadas en un pulso de energía que hoy existe, al menos, dentro de una metáfora. El intento a veces inútil de combinar palabras puede ser un buen rito para honrar aquello que no se debe extrañar, porque esto, finalmente, sólo se trata de vivir.
Vivir bien lo que nunca más se podrá volver a vivir. Sentir, percibir y capturar la esencia; cada momento es único e irremplazable. Este es mi rito, un collage de sensaciones sin tiempo; ocultas en el universo de aquello que era cotidiano.